Los neurocientíficos nos hablan de la necesidad del sueño como proceso imprescindible en la mente humana para procesar la información que adquirimos durante el día y que necesita organizarse. Durante el sueño, recolocamos nuestros recuerdos, los asociamos y, algunos de ellos, los olvidamos. Por eso, por ejemplo, a veces cuando nos levantamos entendemos más fácilmente la solución a problemas que días anteriores resultaban irresolubles.
Los que hemos cometido errores en nuestra vida, sabemos lo necesario que es el olvido. Las épocas malas, sólo se superan con el tiempo, y para nuestro cerebro, el tiempo es, ni más ni menos, la cura para dejar de recordar esos estadios dolorosos. Para sobrevivir mentalmente sano, es necesario perdonarse a uno mismo y la única manera de hacerlo es dejar de revivirlos tal y como fueron en el pasado: racionalizarlos, asumirlos, hacerlos comestibles.
Cada uno de nosotros racionaliza sus decisiones y genera una imagen de si mismo compatible con su futuro para poder seguir siendo personas cuerdas y no volvernos completamente tarumbas. El autoengaño a través de la autojustificación es, de alguna manera, vital.
Recordar y revivir son cosas distintas. Con los años recordamos sólo la parte de nuestros recuerdos que somos capaces de asimilar. Revivir es una sensación mucho más poderosa porqué te sitúa emocionalmente en el mismo estado en el que estabas en un preciso instante. Por eso miramos fotos con cariño y por eso somos nostálgicos de nuestro pasado guardando ciertos objetos y repitiendo ciertas situaciones. Esos objetos, esas personas, nos vuelven a un yo pasado que a veces nos gusta y a veces no.
En situaciones en las que uno lo pasa realmente mal, es imprescindible esforzarse para encontrar ese olvido y no volver una y otra vez a ese estado mental que nos duele. Es necesario obligarse a no mirar esas fotos que nos hacen viajar a ese pasado tortuoso, a distraer la mente, a no ver algunas personas para poder ir superando nuestras angustias. Por eso hay gente que cambia de amistades, se muda de ciudad, de país, de trabajo o de lo que sea necesario con tal de reinventarse a sí mismo. En todo caso, ese mecanismo no es fácil porqué nuestra mente, no se exactamente porqué, quiere volver atrás. También es cierto que hay personas que les cuesta muy poco mirar hacia el futuro y otras que se martirizan continuamente, pero justamente los primeros lo consiguen porqué su mente les ayuda a no regocijarse en el sufrimiento y saben quitarse los pesos de encima con mayor velocidad.
Me contaba un conocido que colabora con una ONG importante que algunos de los que se marchan a países extremadamente pobres a ayudar a personas necesitadas lo hace después de crisis terribles en las que su vida se ha ido a la mierda literalmente.
Me da la sensación de que el contexto necesario para olvidar está cambiando. Internet y las redes sociales que, de hecho, sólo están naciendo, nos unen con nuestro pasado de una manera mucho más fuerte y eso puede ser extremadamente positivo y muy negativo al mismo tiempo.
De momento tenemos la opción de borrar nuestra cuentas de la red social de turno pero Internet cada día guarda más cosas de nuestro pasado y la facilidad para pasar página está disminuyendo porqué nuestra voluntad tiene que esforzarse más y más para obviar partes de la realidad que ya no queremos ni necesitamos ver.
Qué ocurrirá cuando la tecnología sea tan potente que tengamos nuestra vida grabada en un sólo chip? No faltan tantos años para eso y no se si hemos calibrado las consecuencias correctamente.
Es cierto que, al final, es un tema de voluntad. Pero a veces ocurrirán cosas que requerirán que desconectes completamente de casi todo y quizá desconectar no sea posible en un mundo interconectado en el que las relaciones y la comunicación entre las personas está cambiando para siempre.